Pan y circo


España ha ganado el mundial. A estas horas, creo que no queda nadie por saberlo. Lo que parece que aún no ha hecho nadie es ver las implicaciones que tendrá este fenómeno sobre la sociedad española.

Nada más terminar el partido, lo primero que me vino a la cabeza fue la figura de Zapatero, a lo cual ya se anticipaba Manel hace menos de una semana.


Que Zapatero tiene mala suerte con sus predicciones no es ningún secreto, ni siquiera para él. Siempre le crecen los enanos. Pero hasta él mismo debería saberlo y quedarse calladito. Aunque claro, disparando con la pólvora del rey (del dinero de todos, como siempre) tampoco es que le preocupe tanto. Así que si multiplicamos 600.000 por 23 nos salen 14M de Euros, las primas más altas de todos los países que han ido el mundial. Que vistas las circunstancias no parece una inversión tan mala, sobre todo si tenemos en cuenta el resultado, y comparando con otras inversiones, como la que el Ministerio de Cultura da al cine (15 Millones de Euros) y que no sirve absolutamente para nada, salvo para seguir fomentando la dinosaurización de cineastas que no dan ni golpe, o el buscador antipiratería de 1.5 Millones de Euros (sí debe buscar bien por ese precio, sí …). Por eso digo, que de lo gastado, este dinero sea quizá el mejor gastado pues al menos ha reportado beneficios.





Y al llegar a este punto, uno piensa: ¿en qué se ha beneficiado el país de que la selección gane el mundial? Bueno, vamos primero a pensar lo que podría significar esto para una selección como la francesa o la estadounidense. En cualquiera de estas dos sociedades, sus ciudadanos están orgullosos de ser lo que son, y exhiben con orgullo la bandera de su país en cualquier época del año. Ser francés o alemán es para ellos un orgullo y existe un sentimiento de grupo y de nación.

Ahora vamos con lo que ha sido, está siendo, y seguramente será, en España. En España lo de llevar una camiseta con una bandera roja y amarilla ya es problemático. Lo más inmediato es que le tilden a uno de facha, y según por qué lugares, hasta se puede llevar una pedrada en la cabeza (no es necesario irse al norte, esto puede pasar perfectamente en Madrid a manos de algún grupo antifascista de cartón-piedra). En definitiva, está mal visto sentirse orgulloso del país de uno. Aunque con el corazón en la mano, hay muy pocas cosas de las que orgullecerse en los últimos años. Pero bueno, contra sentimientos no hay nada escrito, y para ser patriota cualquier momento es bueno. Ahora bien, si os habéis fijado, en la ronda eliminatoria de los mundiales, nada más que España perdió ante Suiza, nadie daba un duro por la selección. No fue sino después, al pasar de octavos de final, cuando el negocio de las banderitas comenzó y todo el mundo quiso ser español por una vez para sentirse triunfadores en algo. Desde luego, al primero que se le ocurrió vender las banderitas de la selección hace menos de un mes habría que hacerle emprendedor-revelación del año, por tener tal capacidad de cambiar de actividadad de un día para otro y poder abastecer la nación con miles y miles de telas y plásticos. Ahí es cuando de pronto, todo el mundo empezó a estar con “la Roja”. Me pareció un tanto hipócrita tanto sentimiento nacionalista, pero bueno, pensé: “si esto sirve si para que al menos una vez cada 4 años nos sintamos orgullosos de ser de la misma nación, puede que haya valido para algo”.

El caso es que ayer, tras seguir el partido (el tercero que he visto en los mundiales) y conocerse el resultado, pensé que quizá todo esto pudiera ser la señal para que la gente recuperara la confianza en sí misma y saliéramos de este bache de tristeza, desánimo y desconfianza (también llamado crisis) que asola el país. Ver que un equipo español puede ser dirigido con éxito hasta lo más alto en un ejercicio de liderazgo, control y distribución de responsabilidad quizá sirviera de ejemplo y referencia. Tuve interés por ver que hacía la gente y salimos a dar una vuelta. Lo que vi era fácil de preveer pero en cualquier caso os lo contaré: cientos de berracos por la calle, con trompetas ruidosas de una sola nota (también llamadas vuvuzuelas, aunque antes de estos mundiales también existían y se llamaban “trompetas” simplemente), y ataviados con la bandera, la cual llevaban a modo de capa o de falda. Cientos de gritos de niños y jóvenes asomando la cabeza por las ventanillas de los coches gritando EH-PA-ÑA. Y como no, la gente tomando las fuentes. Que eso ya sabía yo que pasaría, pues el calor era insoportable, y en estos momentos cualquier excusa es buena para refrescarse. Ya a la 1 de la mañana la gente iba por las calles ocupando la carretera, y los que conducían los coches no se les veía muy preparados, así que sospecho que esta noche los servicios de emergencia han tenido que trabajar a doble turno. Esta mañana, al ir a trabajar aún se veían muchos zombis por el centro, arrastrándose por las aceras, que seguían repitiendo EH-PAÑA como si fuera lo único que sabían decir. Nada más salir de casa ya me he encontrado el contenedor de botellas volcado, y después de atravesar Doctor Esquerdo y Goya , los coches tenían que ir sorteando papeleras, que misteriosamente han decidido saltar a la calles de motu propio para unirse a la celebración del mundial. La ciudad guarra y llena de botellas, como si hubiera pasado una manada de elefantes por todas las calles (más gasto de barrenderos, que a ver qué culpa tienen de que la gente no sepa usar las papeleras). Y esto no ha terminado.

Carod Rovira también tiene una opinión parecida y así lo ha dicho. No es que este señor cuente con mi beneplácito, ya que en general lo que es bueno para él es malo para mí, pero hay que reconocer que sabe disparar y también hace hincapié en que el único sentimiento españolista de la sociedad empieza y termina con el fútbol.

Intentando hacer una lectura positiva, al menos Zapatero va a tener al populacho tranquilo hasta después del verano. Ya veremos si a la vuelta no vuelven a pedir su cabeza.

P.D. Por si este post me ha quedado demasiado rancio, quiero matizar que no es que esté descontento de que España haya ganado el mundial, todo lo contrario. Es para mí un honor poder contemplar algo así, y un orgullo. Lo que pasa es que me siento orgulloso todo el año y no sólo cuando la selección pasa de octavos. Dentro de una semana seguramente las banderitas ya no colgarán de los balcones, y en 15 días el que vuelva a portar una bandera volverá a ser considerado un “facha”.