Uno más uno no son dos

Quería haber escrito esta entrada hace mucho tiempo, pero precisamente la causa de no poder hacerlo es la misma que da origen a este post.

Hace algunos años llegó nuestro primer hijo. Estás muy contento porque la llegada al mundo de un hijo es lo más grande que te puede pasar, pero sabes que a partir de ese momento cambian muchas cosas porque todo tu mundo gira en torno a él, y todo tu tiempo también. Hasta ese momento teníamos una buena organización que funcionaba y que hacía que pudiéramos compaginar trabajo + ocio + amigos + familia + obligaciones sin que ninguno se resintiera especialmente. A partir de aquí, pensamos que habíamos perdido el control de todo nuestro tiempo, que hasta que fuera algo mayor no tendríamos ocasión de ir al cine o de volver a esquiar.

Con la llegada del primero el tema organizativo se resintió, para qué engañarnos. Hubo que dejar algunos aspectos de lado, o reconfigurarlos para que la reciente incorporación a la familia tuviera su sitio. Durante los dos primeros años fuimos sobreviviendo, compaginando todo lo que veníamos haciendo hasta entonces con nuestra faceta de padres.

Pero al llegar el segundo llegó el caos total. Hasta ese momento pensábamos que no teníamos tiempo de nada, pero nos equivocábamos. Ahora vemos que aún teníamos tiempo de hacer algunas cosas que después ya no hemos podido volver a hacer.  Y es que 1+1 no son 2. Son más. En nuestro caso estimamos que puede ser 3 o 4. Nuestra vida es un circo a 3 pistas permanente, con el problema de que nuestra compañía circense sólo tiene 2 miembros que se turnan en domadores, acróbatas o payasos según la necesidad del momento, combinando varias facetas simultáneamente si es preciso.  Y es que no son pocas veces en las que ambos hermanos se ponen de acuerdo para liárnosla a la vez. Si ya el primero apuntaba maneras con el sueño (duerme muy poco, como yo), el segundo le hace los coros, por lo que nuestro sueño también se resiente y mucho. Lo malo no es dormir poco, que lo es. Lo malo es dormir poco y con continuas interrupciones, o despertarte en medio de la noche con alaridos y que estos duren y duren …

Por el día tenemos que dividirnos igualmente, hacer actividades con cada uno de acuerdo a lo que toca con su edad, o actividades conjuntas. Pero en cualquier caso es raro el día que uno de los dos se puede liberar para hacer la compra o cualquiera de los quehaceres que implica la casa y el día a día.  En general no hacemos planes, sólo anotamos los días de médicos y cosas que son muy importantes y que no pueden postergarse. Pero el resto de planes no existen, y si los hacemos es bastante probable que sean anulados o movidos adelante indefinidamente. Nuestras amistades se limitan a padres con hijos en edades parecidas, con muy pocas excepciones, aunque a decir verdad las únicas veces que estamos con alguien es generalmente porque vienen a casa a vernos. Para nosotros es bastante complicado movernos al centro con 2 carros de niño, tanto yendo en Metro como en coche, por lo que lo fácil es dejar que vengan a visitarnos o quedar cerca de casa.

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente estés pensando que soy exagerado, o que somos de mantequilla. Puede ser, no digo que no, pero nosotros lo vivimos tal como lo he relatado.

Hemos visto parejas con 5 niños que sobreviven muy dignamente, aunque claro, sólo se ve de puertas para afuera, no lo que pasa en esa casa por dentro. Para mí las familias de más de 3 hijos tienen mi total admiración y respeto. También influye que no es lo mismo ser padres a los 20 años que a los 40, y es que a los 40 parece que todo pasa más rápido y que sólo captas la mitad de los frames de cada secuencia. Pongo un ejemplo de esto que digo.

Un buen amigo mío fue padre con 25 años. Tuvo 2 peques hace 15 años y al llegar a los 40 ha sido padre de nuevo. Cierto día hablando de nuestros enanos me decía que este último era mucho más nervioso que los otros dos, que hacía cosas que los otros con su edad ni se acercaban. Me contaba sorprendido que hace poco en el desayuno, cerró un momento los ojos, según él no más de 2 o 3 segundos. Cuando los abrió, el hermano mayor tenía el bol del desayuno del pequeño de sombrero en la cabeza y la leche cayéndosele por la cara, mientras que el pequeñajo se reía por ser el autor de la obra. Aún hoy no se explica cómo pudo hacerlo sin que él llegara a verlo.

Lo que pasó es lo mismo que nos pasa a nosotros, y es que con 25 años estás mucho más ágil mental y físicamente que con 40.

Hay ahora mismo una serie que se llama “Mira lo que has hecho” protagonizada por Berto Romero y Eva Ugarte que es de las pocas que cuenta con veracidad cómo es ser padre y compaginarlo con el trabajo, la familia y el día a día.  Os la recomiendo ya que recoge muy fielmente en los primeros capítulos como se vive esto de ser padre. Si pensáis alguna vez que exagera o que esas situaciones son inventadas, os diré que no, que son totalmente reales.

Hornazo made-in Sacramenia

El hornazo es un alimento típico de Semana Santa que consiste en un bollo relleno de lomo, chorizo, huevo duro y otras variantes según la zona del país.

Los más comunes son el tipo "Mona de Pascua" que lleva el huevo duro entero en la parte superior (bien visible), y el hornazo de Salamanca, que lleva todo el contenido ya preparado en lonchas y bien fino, listo para comer, y cuya masa se asemeja bien a la de las empanadas.

Pongo algunas fotos de ambos para que se vean.

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¿Cuándo se empieza a dominar una tecnología?

¿Cuándo se empieza a dominar una tecnología?

Definitivamente, igual que cuando se empieza a dominar cualquier materia, o por ende, cuando uno se empieza a valer por sí solo en la vida.

Cuando uno se mete con algo nuevo, puede ir de la mano de alguien, en un curso, con un amigo, un libro o alguna ayuda, o directamente puede meterse en plan 4×4, “a la aventura”. Los que somos autodidactas bien por decisión propia, o por obligaciones de la profesión (los informáticos avanzados suelen estar en este último grupo, al menos, y a veces también en el otro) hemos degustado lo amargo de los primeros momentos cuando uno empieza a aprender algo nuevo.


Es reconfortante alcanzar el punto en el que pasas de ir dando palos de ciego, a empezar a “ver”, a saber  dónde te equivocas, y por qué. En mi caso, me ocurre con los lenguajes de programación y con los SGBD, principalmente, aunque se aplica a casi todas las facetas de la vida que implican esfuerzo (idiomas, habilidades o lo que quiera que sea). Cada vez que empiezo con uno nuevo, estoy una buena temporada copiando código de aquí y allá, intentando entenderlo y luego probando a compilarlo. Lo normal es que directamente no pite. Es frustrante cuando los ejemplos que has cogido de Internet no funcionan, bien porque directamente no tienes ni papa, o porque el que ha puesto el código sabe aún menos que tú pero quiere sentar cátedra enseñando a otros por el método del Burro Flautista. Por suerte, después de mucho probar, leer documentación, pelearte con el compilador, preparar entornos cerrados y hacer de todo, en algún momento surge la chispa que te permite ser tú quien lleve las riendas del compilador. Poco a poco vas escribiendo tu propio código, descubres diferentes formas de hacer las mismas cosas, recorres caminos que antes te resultaban muy extraños y llegas a “I’ve got it!”. Luego vuelves a coger los ejemplos de los Burros Flautistas (hay muchos, pero muchísimos por Internet), a los que hace tiempo que superaste, y eres capaz de arreglarlos. Y llegados a este punto, la parte dura de la curva de aprendizaje ha llegado a su fin, pues cada cosa que aprendes a partir de este punto ya no te cuesta ningún trabajo.

Me pasó con Basic, luego con Fortran, también con Java, después con PHP, luego con Sendmail, con Apache, con MySQL, con SQL Server, con Meneame, con OsCommerce, con Drupal, con Zope … y con muchas otras más. Y cada vez que te metes con algo nuevo, es volver a empezar, es volver a recorrer el camino desde cero, volver a sentirte perdido, la desazón de no entender nada,  el recorrer caminos y caminos, y de pronto surge la chispa, y poco después, la seguridad de que nada se puede interponer entre ti y el código. Y esa sensación es reconfortante. Por un lado te da seguridad, por otro lado, paz y por último, muchísima confianza. Ningún problema se te resistirá a partir de ese momento.

Después de darle muchas vueltas, he llegado a la siguiente conclusión.

Se puede decir que dominas una tecnología cuando eres capaz de curarte tú mismo tus heridas.