2012, en Kinepolis


Después de mucho tiempo sin ir al cine (las últimas entradas que conseguimos fueron para Gran Torino y no pudimos ir) teníamos bastantes ganas de ver una película bien, que fuera espectacular y que valiera la pena pagar por verla. Elegimos 2012 y nos fuimos a Kinepolis. Las pocas veces que vamos al cine pagando generalmente vamos a Kinepolis y alguna vez, a Cinecite. En esta ocasión, llegamos y estaba el cine abarrotado, todo el mundo queriendo ver 2012. De hecho, habían situado una maqueta de Madrid en la parte inferior del cine para mostrar como podría ser la inundación de Madrid en caso de venir una catástrofe similar a la de la película.

Finalmente nos decidimos por la versión digital. Aunque generalmente no le damos mucha importancia a esto, hay películas en las que puede valer la pena. Y este era uno de esos casos. La última que vimos de este estilo fue “El día de mañana” que nos gustó también mucho, aunque no tanto como esta.

La película sigue el estilo del cine catastrofista de Hollywood. Empieza bastante fuerte desde el principio. En este tipo de películas, es habitual que haya una pequeña introducción al contexto de unos 15-20 minutos (la mayoría de las veces, totalmente prescindible). John Cusack lleva el protagonismo a lo largo de toda la película, con personajes secundarios a los que se va encontrando que tienen su propia historia. Poco a poco va componiendo un rompecabezas, como si de un videojuego de aventura gráfica se tratara.

Los efectos especiales están a la altura de lo esperado en una película de estas características. Sin embargo, en más de una ocasión la película parece más videojuego que película. A lo largo de las persecuciones, multitud de elementos aparecen cayendo del cielo y nunca alcanzarán al vehículo del protagonista. Incluso cuando se abre la tierra, da la impresión de que la grieta va buscando el coche, y lo mismo cuando se desmorona el suelo.

La duración de la película es la adecuada para este tipo de cine. A pesar de ser casi 2 horas y media, no se hace nada larga. De hecho resultaría absurdo intentar contar esta historia en menos tiempo.

Después de salir del cine queda un agradable sabor de boca. Tiene final feliz para unos, no tan feliz para otros, y dejando bien alto el pabellón del cine apocalíptico.

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