Te amé, te amo y te amaré.

Estas son las palabras que Carmen leyó el día de nuestra boda.



«Te amé sin conocerte, porque el simple hecho de llevarte en mi vientre y saber que existías me lleno de alegría, y ahora que estás conmigo debo decirte que tu sonrisa es mi motor y el llanto que emanen tus ojos mi dolor. 

Cuando duermes te admiro y me siento la mujer mas feliz del universo, tu salud me tranquiliza, tu felicidad es mi consuelo y tus penas mi tormento.

La razón de mi existir eres tu, porque al ser el pilar de mi alegría quiero continuar con mi camino y así poder empezar a construir el tu destino, hasta el día en que al fin puedas volar.

Te observaré y le pediré al cielo me permita verte convertido en un gran ser humano, con humildad, con valor y dignidad y con tanto amor para ofrecer a los demás.

Que siempre lleves contigo que el dinero no es todo, que todos somos lo mismo, que algunos ricos en dinero y otros más de ilusión, pero al final del camino de la misma condición.

Que llegarás tan lejos como tu te lo propongas, recuerda no separarte del camino. Si sientes que no has avanzado, no te detengas aún, recuerda que todo tiene solución. Sólo busca la respuesta en el fondo de tu corazón.

Lucha contra todo y alcanza tus metas, no te desesperes si tarda en llegar, todo llega si luchas por ello, solo haz lo correcto y se te cumplirá.

Emprende tu vuelo hijo mío, no temas caer, porque ahí siempre y aunque no esté presente y no puedas verme te veré y velaré para protegerte y esperando para darte mi mano estaré.»


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